EXPÁNDETE:

Apréndete todo lo que sabes en todas las tonalidades.

CUENTA UNA HISTORIA:

Piensa en un solo de guitarra como si fuera un párrafo. Necesita un principio, un desarrollo y un final. Mira las frases musicales como frases, y asegúrate de separarlos usando la puntuación, o los espacios. Al conversar realizas una pausa de manera natural ¿no? Si no lo haces, aburrirás al que te escucha. Lo mismo ocurrirá con tu público si tu solo es unidimensional. Los agotarás y dejarán de prestarte su atención.

GRÁBATE A TI MISMO:

Grabar tu propia música es una cosa, pero tener que transmitir algo a otra persona es totalmente diferente. Las grabaciones te hacen más crítico con tu forma de tocar. No puedes tocar notas en cualquier sitio, tienes que hacer que cada nota sea importante, y si no se puede tocar de manera limpia, todo será un desastre. Puede que creas que suenas fabulosamente en el escenario, pero cuando te escuchas a ti mismo en el estudio, es simplemente desastroso la mayor parte del tiempo. Pero si puedes tocar bien en el estudio, puedes tocar bien en el escenario.

SOLOS RÍTMICOS:

Si el grupo está tocando en 7/4, intenta tocar en 4/4. Cuando haces este tipo de cosas, te das cuenta que de alguna manera los dos ritmos se sincronizan con el tiempo. Cuando piensas en esa longitud, automáticamente empiezas a desarrollar ideas rítmicas que tienen algo que las conecta.

CONVIÉRTETE EN UNA ESPONJA:

Escuchar es tan importante como practicar. Tus oídos son tu posesión más valiosa, y trabajan a un nivel inconsciente. Debes de apropiarte de las ideas de tantos guitarristas diferentes como te sea posible, en lugar de elegir uno y tratar de emular su estilo. Una vez que hayas asimilado una serie de enfoques diferentes, tratar de mezclarlos en una sola visión, en lugar de saltar de un estilo a otro.

Paguina diseñada por Valeria Mendoza 2018